La Conferencia de las Naciones Unidas sobre medio ambiente, celebrada en Estocolmo en 1972, definió este concepto como el conjunto de componentes físicos, químicos, biológicos y sociales capaces de causar efectos directos o indirectos, en un plazo corto o largo, sobre los seres vivos y las actividades humanas. Los humanos extraemos del medio ambiente numerosos recursos esenciales para nuestra vida (agua, alimentos, oxígeno, energía, metales y muchas cosas más...) y hoy es evidente que tenemos la obligación de preservarlo y explotarlo racionalmente, porque nuestra salud y nuestra propia subsistencia están en juego.Lograr un desarrollo sostenible a escala planetaria es un objetivo fijado en la Conferencia de Naciones Unidas de Medio Ambiente y Desarrollo, conocida como Conferencia de Río o Cumbre de la Tierra, celebrada en 1992. Cada país se comprometió a disponer de una estrategia nacional de desarrollo sostenible para impulsar actuaciones y políticas responsables con nuestro futuro común.




Consideramos que la energía es la fuerza vital de nuestra sociedad. De ella dependen la iluminación de interiores y exteriores, el calentamiento y refrigeración de nuestras casas, el transporte de personas y mercancías, la obtención de alimento y su preparación, el funcionamiento de las fábricas, etc. Hace poco más de un siglo las principales fuentes de energía provenían de la fuerza de los humanos, la de los animales y el calor obtenido al quemar la madera. El ingenio de nuestra especie, también había desarrollado algunas máquinas con las que aprovechaban la fuerza hidráulica para moler los cereales, trabajar el hierro en las ferrerías, o la fuerza del viento en barcos de vela o molinos de viento. Pero la gran revolución vino con la máquina de vapor, y desde entonces, el gran desarrollo de la industria y la tecnología han cambiado, drásticamente, las fuentes de energía que mueven la moderna sociedad.