La Conferencia de las Naciones Unidas sobre medio ambiente, celebrada en Estocolmo en 1972, definió este concepto como el conjunto de componentes físicos, químicos, biológicos y sociales capaces de causar efectos directos o indirectos, en un plazo corto o largo, sobre los seres vivos y las actividades humanas. Los humanos extraemos del medio ambiente numerosos recursos esenciales para nuestra vida (agua, alimentos, oxígeno, energía, metales y muchas cosas más...) y hoy es evidente que tenemos la obligación de preservarlo y explotarlo racionalmente, porque nuestra salud y nuestra propia subsistencia están en juego.Lograr un desarrollo sostenible a escala planetaria es un objetivo fijado en la Conferencia de Naciones Unidas de Medio Ambiente y Desarrollo, conocida como Conferencia de Río o Cumbre de la Tierra, celebrada en 1992. Cada país se comprometió a disponer de una estrategia nacional de desarrollo sostenible para impulsar actuaciones y políticas responsables con nuestro futuro común.
La propia Naturaleza es generadora y receptora de impactos. A lo largo de toda la historia, incluyendo épocas anteriores a la aparición de la humanidad, la Tierra ha estado sometida de forma permanente a diversos impactos originados por sus propias fuerzas naturales:
Movimientos sísmicos terrestres, maremotos o tsumamis, erupciones volcánicas, tornados, huracanes o ciclones, inundaciones, avalanchas, cambios en el clima, incendios de origen natural, plagas, etc
Es muy difícil, casi impos
ble, hacer frente a este tipo de incidencias y prevenir sus efectos directos o indirectos sobre las actividades humanas. Se han desarrollado acciones efectivas a través de procesos tales como la ordenación del territorio y de los asentamientos urbanos, la construcción de obras de gran envergadura o la mejora constante de los medios de predicción y vigilancia de estas catástrofes naturales que permiten, en ocasiones, paliar tales efectos.
Dentro del marco general de impactos sobre el medio ambiente, han de incluirse los asociados a las actividades del hombre o andropogénicas. Iniciados hace muchos años, han ido intensificándose a medida que el desarrollo demográfico de la humanidad, ha requerido crecientes cantidades de energía, materias primas y productos de consumo. La industria, la agricultura, la ganadería o los servicios han pretendido dar respuesta a estas demandas, iniciándose una espiral de consumos y producciones con repercusión paralela sobre el medio ambiente.
Una gran parte de la humanidad actual vivimos en una sociedad industrial altamente compleja. En poco más de un siglo nuestra civilización ha pasado de la carreta tirada por caballos al automóvil y del barco de vela, al avión. Los avances en medicina, agricultura, electrónica, informática, química, etc. han sido tan enormes que se ha producido una auténtica revolución, muy positiva, en la vida humana. Las principales responsables de este profundo cambio han sido la ciencia y la tecnología modernas.
Pero en la segunda mitad del siglo XX nos hemos encontrado, de forma un tanto inesperada, con una situación nueva. Los grandes avances científicos han traído, con ellos, alteraciones del medio ambiente que podrían amenazar al sistema con importantes desequilibrios. La problemática del medio ambiente ha pasado a ser protagonista de la vida social y política en estos últimos decenios.
Desde inicios de los años setenta, Europa mantiene un fuerte compromiso en favor del medio ambiente: la protección de la calidad del aire y el agua, la conservación de los recursos y de la biodiversidad, la gestión de los residuos y de las actividades con efectos perjudiciales, son algunos de los ámbitos de la actuación europea, cuya la política de medio ambiente, basada en el artículo 174 del Tratado constitutivo de la Comunidad Europea, tiene por objeto garantizar un desarrollo sostenible del modelo europeo de sociedad.
De acuerdo con la definición tradicional, el desarrollo sostenible es un tipo de desarrollo que responde a las necesidades del presente sin poner en peligro la capacidad de las generaciones futuras de responder a las suyas, lo que significa, en otras palabras, procurar que el crecimiento actual no ponga en riesgo las posibilidades de crecimiento de las generaciones futuras. El desarrollo sostenible consta de tres vertientes, la económica, la social y la medioambiental, que deben abordarse políticamente de forma equilibrada.
Confiamos en que la ciencia, tecnología e industria modernas constituyen el mejor instrumento para resolver los problemas planteados, siempre que no se sacrifiquen ciencia, honestidad intelectual y sentido común por oportunismo político y miedos irracionales que se opongan al progreso científico e industrial.
En ICOGEN, S.A. somos consecuentes con un desarrollo sostenible capaz de atender las necesidades del presente sin poner en peligro la capacidad de las futuras generaciones para satisfacer las suyas. Se trata de promover una sociedad, capaz de crear un crecimiento económico equilibrado, usando con inteligencia los recursos naturales y conservando el medio ambiente.
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