Consideramos que la energía es la fuerza vital de nuestra sociedad. De ella dependen la iluminación de interiores y exteriores, el calentamiento y refrigeración de nuestras casas, el transporte de personas y mercancías, la obtención de alimento y su preparación, el funcionamiento de las fábricas, etc. Hace poco más de un siglo las principales fuentes de energía provenían de la fuerza de los humanos, la de los animales y el calor obtenido al quemar la madera. El ingenio de nuestra especie, también había desarrollado algunas máquinas con las que aprovechaban la fuerza hidráulica para moler los cereales, trabajar el hierro en las ferrerías, o la fuerza del viento en barcos de vela o molinos de viento. Pero la gran revolución vino con la máquina de vapor, y desde entonces, el gran desarrollo de la industria y la tecnología han cambiado, drásticamente, las fuentes de energía que mueven la moderna sociedad.
El desarrollo de un país está ligado a un creciente consumo de energía de combustibles fósiles como el petróleo, carbón y gas natural. Han sido los grandes protagonistas del impulso industrial desde la invención de la máquina de vapor hasta nuestros días. De ellos depende la mayor parte de la industria y del transporte en la actualidad.
Estos combustibles han permitido un avance sin precedentes en la historia humana, pero son fuentes de energía no renovables. Esto significa que yacimientos, que han tardado en formarse miles de años, se consumen en poco tiempo y las reservas de estos combustibles van disminuyendo a un ritmo creciente. Además, estamos agotando un recurso del que se obtienen productos muy valiosos, como plásticos, medicinas, etc., simplemente para quemarlo y obtener energía.
Estos combustibles causan contaminación ambiental tanto al usarlos como al producirlos y transportarlos. La aplicación de la energía útil que se obtiene al quemar estos productos, es un proceso del que se desprenden grandes cantidades de anhídrido carbónico y otros gases contaminantes que se emiten a la atmósfera provocando el efecto invernadero al que se atribuyen cambios climáticos de consecuencias imprevisibles.
Puesto que la energía es indispensable en la vida cotidiana de la sociedad moderna, hoy resulta inevitable afrontar los grandes desafíos energéticos que representan el cambio climático, la dependencia creciente de las importaciones, la presión ejercida sobre los recursos energéticos y el abastecimiento a todos los consumidores de energía segura, a precios asequibles.
La instauración de una política energética ambiciosa, que abarque todas las fuentes de energía, ya sean fósiles (petróleo, gas, carbón), nuclear o renovables (solar, eólica, biomasa, geotérmica, hidráulica, mareomotriz), tiene como objetivo iniciar una nueva revolución industrial que transformará nuestra futura sociedad en una economía con un bajo consumo de energía, más segura, más competitiva y más sostenible. Es tarea urgente, porque además de las amenazas ambientales, no podemos, a medio plazo, continuar basando nuestra forma de vida en fuentes de energía no renovables, que se irán agotando irremediablemente.
Consideramos que hay, entre otras, dos vías para ir solucionando o, al menos, mejorando esta problemática. Por una parte, el aprovechamiento eficiente, o uso racional, de la energía y, por otra, la creciente utilización de fuentes de energía limpias o renovables.
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